Christos Loulis carga la mochila como Yannis Varoufakis en el filme de Costa-Gavras.

Christos Loulis carga la mochila como Yannis Varoufakis en el filme de Costa-Gavras.

«A puertas cerradas» es el nuevo filme del reconocido y experimentado director griego Konstantinos Costa-Gavras, quien en la cinta decidió contar los contubernios de la negociación de la crisis griega en una trama que atrapa por su ritmo, pero que se aleja en su intento de ser un retrato de la política y que se estrena este jueves en salas.

El guion es una adaptación del libro escrito por Yanis Varoufakis, el economista greco-australiano y exministro de finanzas del gobierno griego durante el mandato de Alexis Tsipras.

Tsipras y Varoufakis llegaron al poder luego del terremoto político y económico que sacudió a Grecia en 2009, lo que puso en crisis el pago de la deuda soberana, ubicó al país al borde de su salida de la zona euro y, por sobre todas las cosas, subsumió a su población en niveles de pobreza, desempleo y caída de salarios récords para Europa.

La película empieza con el día de las elecciones, cuando con sorpresa el partido de izquierda radical Syriza llega al poder por el voto popular, la promesa de desconocer la deuda contraída por los gobiernos anteriores y retrotraer las medidas de ajuste económico impulsadas por sus antecesores y el poderío económico de la Europa continental.

«A puertas cerradas» tiene varios puntos altos. Las interpretaciones, sobre todo la de Christos Loulis (Varoufakis) llevan el filme hacia donde el director desea, sumado a esto escenas en las que el drama y la comedia se entremezclan tan bien que humanizan situaciones desesperantes.

Sin embargo, el cineasta y autor, un reconocido militante de izquierda, cae en la mirada naive en la que solo existen buenos y malos. En la que el personaje de Varoufakis emerge como un superhéroe que debe luchar contra los malvados alemanes y fineses tan solo con la ayuda tras bambalinas de la displicencia francesa. Poca mención se hace sobre los números inventados y la pésima gestión de los gobiernos griegos que llevaron a tremenda explosión en el país cuna de la cultura occidental.

«Las deudas deben pagarse», dice a los gritos el Ministro de Finanzas alemán en un plenario del Eurogrupo, como si lo único que le importara fuera el dinero y no que ese dinero que los griegos despilfarraron salió de los impuestos que pagaban los ciudadanos alemanes.

En un mundo como el de la política en el que los blancos y negros no suelen existir, Costa Gavras se inclina a borrar todos los grises para crear un efectivo thriller político (sus dos horas de duración pasan volando), pero que no hace justicia cuando se trata de realizar una biopic.

Tan sólo crea en claro que los únicos que pierden siempre son los ciudadanos comunes y que la política europea es manejada por hombres y sufre una ausencia importante de mujeres, según se desprende de las imágenes de este efectivo filme.

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