Arde la sangre, el grupo que este viernes lanza su primer disco

Arde la sangre, el grupo que este viernes lanza su primer disco

El músico Marcelo Corvalán, ahora líder de Arde la Sangre, contó que su experiencia como jugador de básquetbol en infantiles y juveniles en Atlanta le dio «esa idea del trabajo en equipo, de la vida social, que aún mantengo en mi vida como rockero».

Corvatta como se lo conoce a Corvalán, jugó al básquetbol en Atlanta casi a los 20 años, cuando en su vida irrumpieron como un torbellino el heavy metal, el skate y las bicicross BMX y partir de ahí integró Animal, luego Carajo y se convirtió en un referente del rock duro alternativo.

Ahora Corvatta comparte el proyecto Arde La Sangre con el guitarrista de Hernán «Tery» Langer, el productor y guitarrista Luciano Farelli (Parteplaneta) y el baterista Nacho Benavides con el que lanzaran su primer disco el 8 de octubre.

Corvatta reveló que a los 10 años y al vivir en Villa Crespo, su grupo de amigos se asoció a Atlanta y comenzaron a practicar diferentes deportes. «En 1981, era la época de ir al club que era lo más. La vida social, el barrio y la familia transcurría dentro del club o se terminaba de completar con la actividad física, pero también la actividad social que se generaba dentro del club».

Corvatta, en los días en los tiempos de BMX, en Mar del Plata.

Corvatta, en los días en los tiempos de BMX, en Mar del Plata.

«Era salir del cole, sacarme el guardapolvo, tomar la leche rápido y me iba corriendo al club literalmente. Empecé a jugar al básquet en premini con 10 años, premini A, premini B, después mini A, mini B, cadete A y cadete B», relató.

«Siempre fui de una familia muy humilde y no teníamos ni la tele a color ni nada, nos llegó todo tarde a casa, pero tenía mi pertenencia al equipo, al club. Lo que sí me marcó mucho y recuerdo fueron los encuentros de mini básquet que se hacían que venían clubes de otras provincias a Capital y vos tenías que alojar a un jugador y después vos viajabas y te alojaban a vos. Ahí conocías un montón de gente, estuvimos en General Pico en La Pampa, en el Club Regatas en Santa Fe, en Salta, Jujuy, un montón de clubes que año a año ibas conociendo y se armaba ese intercambio», preciso el bajista.

Corvatta rescató que «gracias al básquet tengo el recuerdo de la vida social, las amistades, de esa mentalidad de equipo, de tomárselo en serio. Aunque parezca mentira, eso después me ayudó un montón con la música porque siempre fui músico de banda, no me veo solista por más que ahora haya hecho algunos temitas. Eso me enseñó la fuerza del equipo y cómo se complementa y la cosa funciona».

El exintegrante de Animal y Carajo reconoce que «no era muy habilidoso, no era de los mejores del equipo, pero me esforzaba un montón. Iba a todos los entrenamientos, toda la preparatoria física, entonces corría mucho y no me cansaba tan rápido, entonces yo marcaba. Era ayuda base y tenía esa cosa de marcar, de volver corriendo, de cuidar el aro, de la acción, de robar una pelota y buscar al pivot, al más alto, y tirársela para que emboque».

Corvatta Corvalán junto a Terry Langer, Luciano Farelli y Nacho Benavidez.

Corvatta Corvalán junto a Terry Langer, Luciano Farelli y Nacho Benavidez.

Ante la consulta sobre si se compararía con el estadounidense Dennis Rodman, Corvatta se ríe y señala que «capaz que era más del lado de Rodman, porque me gustaba el rock, la música e iba medio distinto vestido a mis compañeros».

«En alguna época la remera que yo tenía, una oficial que era el número 13 porque no la quería nadie y me la dieron a mí, y una vez fuimos a jugar de visitante y la perdí o me la robaron. En esa época el club era muy humilde y me quedé sin remera, y una tía que se daba maña me la fabricó y jugaban todos con la remera oficial y yo ahí con otra que era fabricada hasta que pudimos comprar remeras nuevas para todo el equipo. Era medio distinto ahí al resto (risas)», recordó.

Cuando era juvenil, en la vida de Corvalán aparecieron el skate y el rock y recuerda a una banda formada por socios de Atlanta que lo influenció mucho en su deseo de querer tocar heavy metal.

«Andábamos en skate en el club y teníamos varios amigos. Ahí en Atlanta hubo un grupo de jóvenes que tuvieron la primera banda de heavy metal te podría decir que en el país. Se llamaba Kaos y había dos violeros que eran increíbles, los chabones se tocaban los temas de Metallica o Megadeth y yo no entendía nada».

La revista Trasher fue la que lo acercó a la cultura del skate y el heavy metal, porque «así manejabas toda la data. Te enterabas sobre los capos del skate como Jay Adams, Tony Alva, Stacy Peralta, pero además la revista traía notas con bandas de punk, metal y hardcore y así conocí Metallica, Anthrax, Megadeth, las bandas de punk como Bad Religion, Social Distortion, Ramones y Dead Kennedys».

La tabla de skate de Corvatta, pieza de colección.

La tabla de skate de Corvatta, pieza de colección.

Corvatta aseguró que el «skate me acompaña hasta hoy. Anduve a morir y cuando empecé a tocar profesionalmente dejé de andar para no lastimarme, por las dudas, pero siempre ando por diversión. Con mis hijas que ahora están grandes, tienen 20 y 16, desde chiquitas les enseñé a andar en skate y ya a los 5 o 6 años ya sabían andar. Tenemos unos longboards y cada tanto andamos por Madero o por esos lugares a disfrutar».

Corvatta marcó como precursor de la actividad a Wallas, el vocalista y líder de Massacre, a quien «veía por el bowl de Ciudad Universitaria donde había la única rampa grande profesional que lo habían construido Los Massacre con sus amigos skaters».

«Después de ahí se fueron más para el lado de lo que es el circuito KDT, que ellos habían armado una rampa que después le llamaron La Roca donde se juntaban, pero duró poco tiempo y después La Roca 2 la hicieron en el circuito KDT y se fueron ahí. Yo en ese momento andaba en bike, tenía una BMX y un grupo de amigos que íbamos a todos lados. Esperábamos a que se vayan todos y ahí nos metíamos con la bicicleta, porque había pica entre bikers y skaters porque los skaters no te dejaban meterte porque decían que si te caías las rompías toda con los fierros de la bici y había bronca, entonces esperábamos que se vayan y nos metíamos».

Sobre las tablas de skate, Corvatta recuerda que como su infancia y adolescencia transcurrieron en tiempos de híper inflación, «primero anduve en esas de juguete como para aprender y después había una marca que se llamaba Ron Jon que quedaba en Marcelo T de Alvear y Callao, por ahí, y vendían. Eran nacionales, industria argentina, creo que de Mar del Plata. Eran pesadísimas, re duras, con unos tracks nacionales malísimos y no servían. A los pocos años se fundó en Argentina Trash, la marca de skate, y Luis que era el dueño era un pibe que andaba y venía a los recitales entonces cuando te veía que andabas bien te regalaba una, entonces todos terminábamos andando con las Trash».

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