Adriana Yurkovich y María Turkieh cuentan la historia de su empleada doméstica.

Adriana Yurkovich y María Turkieh cuentan la historia de su empleada doméstica.

La violencia contra la mujer aparece en estadísticas y relatos en medios pero, a veces, resulta a ajeno al día a día, una distancia que el documental «Mari», de Adriana Yurcovich y Mariana Turkieh y que llega mañana al cine Gaumont, intenta romper con el caso de su empleada doméstica, quien tras años de atropellos por parte de su marido decide dar por terminada la relación en búsqueda de su emancipación.

«Hubo mujeres que se acercaron a Mari después de ver la película, cuando se exhibió en el Bafici, contándole su decisión de cambiar de vida. Y Mari en particular hace un proceso notorio en el transcurso de la película. Ya la inició con una decisión y lo que vemos es que con la realización de la película la reforzó», explicó Turkieh en charla con Télam.

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Trailer «Mari»

Mari era una persona cercana, de la vida cotidiana de las dos directoras, pero cuya intimidad estaba vedada para ellas. Hasta que un día, agotada del control y la violencia en su hogar, decide irse, encontrando hospedaje en la casa de sus empleadoras. El documental recrea esos momentos, pero también acompaña a Mari en el cumplimiento de sus sueños, tan comunes para una parte de la sociedad, que cuando se recrean corren el velo hacia una realidad que es tan palpable como esquiva para tantas personas.

«Mari aceptó la propuesta enseguida. Sentía valioso contar su experiencia, lo que pensaba y lo que deseaba. Y dijo que puede servir a otras personas que pueden estar en situaciones similares a la que ella vivía. Luego, a lo largo de la realización del documental, fue involucrándose más aún», indicó Turkieh.

Turkieh y Yurkovich se comprometen en una historia acerca de la violencia doméstica.

Turkieh y Yurkovich se comprometen en una historia acerca de la violencia doméstica.

«La idea de filmar la película la tengo yo -acotó Yurkovich- al poco tiempo de estar Mari viviendo ya en casa. Veía que la de Mari era una historia importante, y al mismo tiempo, me daba cuenta, la situación era rarísima para las personas a las que les contaba. Así, imaginé que la relación con nosotros podía ser una segunda línea dramática, que enriqueciera y complejizara la narración principal».

Télam: ¿Ustedes vivieron alguna transformación a la par de la de Mari?

Adriana Yurcovich: A mí me permitió entender realmente lo que significa el sometimiento de una mujer, no desde el conocimiento o la información, sino desde la identificación afectiva con alguien. Y también pensé mucho y revaloricé lo que significaba la escuela pública. Para mí, hasta ese momento, la educación era algo que yo daba por sentado, para mí y para mis hijos, y desde ese lugar uno puede hacer, y hace, muchas críticas: a la ideología que transmiten, a los contenidos pedagógicos, etcétera. Pero ver cómo esa escuela era para Mari algo tan deseado, a lo que por fin podía acceder, ya siendo abuela, me impactó mucho.

T: ¿Cómo se sintió filmar la vida y cierta intimidad de una persona cercana?

Mariana Turkieh: Yo me preguntaba cuánto mostrar, pero fue bastante relajado porque Mari quería y sentía importante abrir su vida así. Una cuestión con la que tuvimos especial cuidado en cuanto a qué y cómo contábamos es la relación de Mari con los dos hijos que tiene con su marido, que a diferencia de un hijo anterior de ella, no estuvieron de acuerdo con su decisión de dejarlo e irse de su casa. El primer tiempo fue muy doloroso para ella porque ellos sentían como abandono lo que Mari vivía como emancipación. Y nosotras tratamos de cuidar el vínculo que ella quería recomponer. También tuvimos cuidado en cómo aparecía el marido. Nos interesaba tener su palabra, pero no apuntar a su persona sino como manifestación de un discurso, no mostramos su cara y su voz está distorsionada. Eso fue cuando ya Mari tomaba de otro modo lo que él decía y escuchar la grabación con ella creo que fue algo reparador.

Las cineastas aseguran que entendieron, realmente, el sometimiento de una mujer.

Las cineastas aseguran que entendieron, realmente, el sometimiento de una mujer.

T: ¿Cómo fueron los años de convivencia con ella?

AY: Nos ayudó en la convivencia que vivimos en una casa grande, hay bastante espacio y cada uno puede tener su lugar de privacidad. Los primeros meses fueron más complicados porque Mari casi no salía, y para ver a sus hijos o alguna amiga, o celebrar su graduación de primaria, los invitaba a casa. Mari es muy respetuosa de la privacidad del otro, pero a veces me resultaba raro tener en casa su fiesta de cumpleaños, o de graduación, o ella agradeciendo a Dios antes de comer, porque yo no practico ninguna religión. Después de ese primer año, Mari empezó a salir mucho más, a encontrarse con amigues en un bar, a ir a bailar, a viajar, y ya no necesitó más mi casa para poder encontrarse con otras personas. Se mudó a fines del año pasado.

T: Gracias a la película, ¿supieron de otras mujeres que también decidieron cambiar de vida?

MT: Durante el rodaje, hubo una llamada a Mari de una amiga suya del barrio, que la conocía de compartir el colectivo para ir al trabajo, porque se había enterado de que ella se había ido de su casa y, como pasaba una situación similar de violencia y control, quería hablar con ella para saber qué hacer. Parte de esa conversación aparece en la película.

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