“Díme con quién andas y te diré quién eres”

¿Ah sí? ¿Qué sos: policía, vidente, simplemente chusma?… Una mezcla de todo eso, y más, encubre este refrán que apareció en la Segunda Parte del Ingenioso Caballero Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes, allá por 1615. “Díme con quién andas, decirte he quién eres”, así le dice Don Quijote a Sancho Panza…

El dicho es apto para usar en sus dos versiones: de frente, dando la cara, apuntando con el dedito, a lo “maestro Siruela”, y desde ahí acusar a quien corresponda por sus malas juntas…

La otra variante es a escondidas del criticado, y por lo bajo, onda “Hm. Dios los cría y ellos se juntan”… Resulta que un día lo notamos raro a Fulanito, distinto a como era, y fácilmente decidimos que la culpa la tienen sus “nuevas malas compañías”… “¿Por qué? ¿Son ladrones, narcotraficantes, asesinos?”… “No, pero fijate cómo tienen el pelo, y la ropa que usan”… Ojo: apariencias no son acciones. Que conste en actas…

Este es uno de esos refranes que ni bien se lo rasca salta el prejuicio. Todos y todas tendemos a juntarnos con gente de pensamientos y gustos afines, por lo que podríamos concluir que las llamadas “malas compañías” no existen. Y si existieran… ¿no seríamos también nosotros “malas compañías” para otros?… Por otra parte, ¿dónde está escrito que esos “defectos” de los demás se nos pegarán forzosamente?

Sin ir más lejos, nosotros, los argentinos: hemos tenido tantos dirigentes corruptos, mentirosos, vendepatrias… a lo largo de los tiempos. Pero esto no significa que nos hayamos convertido en gente como ellos…

¿O ustedes dicen que siempre hay excepciones? 

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