Foto: Florencia Downes.

Foto: Florencia Downes.

Buey solo, bien se lame

Este refrán se desprende de la Biblia, que usó el término yugo para identificar al instrumento de madera con dos arcos que se ajustan a la cabeza o el cuello de dos bueyes. Hecha esa yunta, se sujeta el dispositivo con una correa para direccionar el arado, o el carro… ¡Y ahora, a yugarla, bueyes, que para eso son animales de tiro, vamos, arrastren, bestias de carga, no son horas de lamerse!…

Debe ser por eso que “entre bueyes no hay cornadas”: ¡porque la ley del yugo opresor les impide rozarse! Así, avanzando “a paso de buey”, el sacrificio de la yunta dependerá del humor del boyero que los guía… y del perro que sigue al boyero.

Este refrán debiera ayudar a querer más a los bueyes. Recordar que ellos son toros castrados una vez alcanzada la madurez sexual; o sea: es la castración la que les da su identidad de buey…

Utilizados desde hace siglos para realizar trabajos pesados en el campo, sin un sindicato que los proteja del pago miserable que reciben por lo suyo, cómo no van a lamerse bien cuando quedan… ¡al fin solos!: sin yugo ni carro ni arado, sin boyero ni perro, sin el otro buey que también aprovechará ese momento de desyugo para lamer lo suyo…

El buey libre encuentra en la lengua remedio para sus llagas, alivio, un vehículo de autoreconocimiento, por qué no de placer… Pero este refrán no debería leerse como “mejor solo que mal acompañado”, por esa libertad de no tener que dar explicaciones a nadie… Los “parejeros”, se burlan un poco, y lo completan: “El buey solo bien se lame, pero mejor se lame uno al otro”…

Cuando el buey, ya lamido, estira la vista, divisa al otro buey yuntero, que también terminó de lamerse… Se miran, con la lengua afuera… Y se buscan, claro, son pareja… Ignoran que las palabras  cónyuge  y  yugular, provienen de la misma familia etimológica que… ¡yugo!

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